Podemos: una revolución en la comunicación política Española

La llegada de Podemos marcó un punto de inflexión en la política española e hispanoparlante. Surgido tras el movimiento 15-M, un momento clave de indignación social y descontento político, el partido emergió como una alternativa a los partidos tradicionales que dominaban el panorama político español.

Podemos no solo logró asentarse como la mejor alternativa de izquierdas para desafiar las estructuras de poder establecidas, sino que también redefinió la manera de hacer política en el contexto hispano. Adoptando un enfoque disruptivo en la comunicación y movilización social. Este artículo analiza cómo lograron este impacto, centrándonos en su estrategia y el papel fundamental de Pablo Iglesias como un líder carismático y un “hombre fuerte” para las izquierdas.

Podemos nació oficialmente en 2014, impulsado por académicos, activistas y ciudadanos desilusionados con los partidos tradicionales. En el contexto de la crisis económica de 2008 y la creciente desigualdad, el movimiento del 15-M se convirtió en el catalizador para articular una fuerza política que pretendía llevar las demandas ciudadanas a las instituciones, a través de asambleas populares y una apariencia de partido descentralizado, en contraste con las rígidas burocracias bipartidistas.

Su estrategia inicial se apoyó en la horizontalidad y la participación, con un plan de comunicación que evocaba la inclusión y democracia directa. Además, aprovecharon las redes sociales para amplificar su mensaje, permitiendo a cualquier persona unirse y participar desde cualquier parte del país. Esto no solo eliminó barreras tradicionales, sino que también fomentó un sentido de pertenencia colectiva y una sensación de empoderamiento para con el votante objetivo de Podemos.

Claves de la estrategia disruptiva de Podemos

El poder de las redes sociales
Podemos utilizó plataformas como Twitter, Facebook y YouTube para comunicarse directamente con su audiencia, evitando los intermediarios tradicionales, como los grandes medios de comunicación. Esto permitió al partido construir una narrativa propia y cercana que a su vez movilizó a los jóvenes de izquierdas, que habían sido relegados y que no se sentían identificados con el PSOE (ahora visto como el partido de sus padres y abuelos).

Las transmisiones en vivo por parte de los líderes del partido y los videos cortos, cargados de mensajes claros y emocionales, se convirtieron en herramientas fundamentales para conectar con el votante, así como para controlar la narrativa. Esto iba de la mano con su postura de un ataque frontal a los grandes medios y el status quo mediático servil a los viejos partidos.

La televisión como altavoz
Pablo Iglesias, con su estilo directo y dominio del debate, supo aprovechar las tertulias televisivas para posicionarse como un líder carismático. Cabe notar que, previo a candidatear, Pablo Iglesias ya tenía un programa de televisión de bajo presupuesto llamado “La Tuerka”, un programa de debate político que incluía entrevistas y discusiones en profundidad con invitados tanto de izquierdas como de derechas. Iglesias, con su habilidad comunicativa, lideraba las mesas de debate con un estilo cercano, pero riguroso. Además, participaban otros académicos y activistas que luego formarían parte de Podemos.

Sin duda, esta experiencia cómo tertuliano fue crucial para desarrollar su estilo comunicativo y su remarcable comodidad en el medio televisivo (más adelante Iglesias abogaría por prohibir el control por parte de intereses privados de los medios de comunicación –claro, una vez que llegó al poder). 

Más allá de su programa, Iglesias visitó con frecuencia programas de gran calado como La Sexta Noche, logrando visibilizar al partido al enfrentarse a políticos y periodistas establecidos en una palestra de nivel nacional. De acuerdo con Luca Costantini (Aquí mando Yo, 2019), Iglesias convirtió la crítica mediática en una oportunidad para presentarse como la voz de la ciudadanía marginada, consolidando su imagen como líder antisistema.

Carisma y cercanía intelectual
Iglesias logró posicionarse como un líder que combinaba rigor académico y accesibilidad. Sus intervenciones públicas eran claras, emotivas y cargadas de simbolismo, utilizando un lenguaje que apelaba tanto al descontento como a la esperanza.

Desde sus apariciones en el programa La Tuerka hasta su participación en debates televisivos, construyó una imagen de "político cercano", que a menudo contrastaba con la formalidad distante de otros líderes tradicionales. Usaba un lenguaje sencillo pero cargado de referencias culturales e históricas que resonaban con sus audiencias. Este enfoque permitía a Iglesias "traducir" conceptos complejos de la teoría política en ideas comprensibles para la población, utilizando tanto referencias de libros, como de populares series de TV y películas.

Otro elemento crucial fue su capacidad para apropiarse del espacio televisivo y convertirlo en un foro de pedagogía política. Iglesias no sólo buscaba convencer, sino educar a su audiencia, usando metáforas y ejemplos que lo hacían parecer un profesor accesible más que un político tradicional. Como resalta Constantini, este estilo intelectual-cercano es una forma de liderazgo disruptivo que desestabiliza las estructuras narrativas establecidas por los medios tradicionales, construyendo así una relación directa con el público.

En términos visuales y de comportamiento, Iglesias también rompió con los códigos de la política tradicional. Su elección de ropa sencilla y (su mítica camisa remangada), el uso de una coleta y su tono deliberadamente informal en ocasiones, le permitieron conectarse con votantes que veían en él una figura "más auténtica" que los políticos típicos. Este estilo era cuidadosamente calculado para proyectar cercanía y autenticidad, mientras que su formación académica le otorgaba cierta legitimidad como ideólogo político.

Este enfoque permitió a Podemos superar los límites de los partidos tradicionales y conectarse con un electorado diverso, desde jóvenes desencantados hasta sectores de la clase trabajadora y académicos progresistas.

Construcción del enemigo común
Siguiendo principios básicos de la comunicación política, Iglesias y Podemos identificaron "la casta" como el enemigo. Este término simplificaba un concepto complejo de corrupción y desigualdad, y servía como unificador de las diversas luchas sociales. La narrativa construida era clara: el pueblo contra la élite política y económica.

Esta estrategía es, en nuestra opinión, el punto clave del éxito populista de Podemos. Una especie de carta comodín para atacar a todo adversario político, ya sea por ser parte de las estructuras de poder existentes o por ser empresarios con todo tipo de interés económicos, cualquier adversario podría fácilmente caer dentro de la canasta de la “casta”. El hecho de no haber ostentado cargos públicos en el pasado, vivir y moverse en barrios más pobres, y ser profesores de universidades públicas, hacía del liderazgo de Podemos la epítome de la anti-casta.

Es, como poco, llamativo y puede que este concepto sea uno de las grandes contribuciones de Podemos al populismo hispano parlante contemporáneo, siendo reciclado por figuras tan diametralmente opuestas a Iglesias como lo es Javier Milei.

*Nota al lector: No podemos hablar de este concepto y el su eficacia sin mencionar su calidad como un arma de doble filo.  Este concepto puede ser clave para llevar alguien al poder, es decir, es un arma que convierte a la anti-casta en casta. Cómo no caer en esta evidente contradicción, es algo que ni el propio Pablo Iglesias supo manejar.

El asalto a los cielos:  el legado de Podemos en la política española
Aunque el impacto electoral de Podemos ha fluctuado en los últimos años, su influencia en la política española es innegable. El partido introdujo temas como la justicia social, el feminismo y la lucha contra la desigualdad en el discurso público, obligando a partidos tradicionales como el PSOE (e incluso el PP) a adoptar posturas más progresistas. Además, su enfoque en la comunicación directa y su uso estratégico de las redes sociales han sido adoptados, en mayor o menor medida, por casi todos los partidos políticos, inclusive por partidos no solo de oposición sino qué opuestos a ellos.

De acuerdo con Constantini la batalla interna que se libró dentro de podemos consistió, desde un principio, en abordar la política como un asalto a los cielos: todo o nada (postura defendida por Iglesias), contra, la postura pragmática y largoplacista de Iñigo Errejón.

Es evidente, por cómo se dieron las cosas, que el debate interno lo ganó Iglesias y, lo cierto es que estuvo muy cerca de lograr su tan ansiado asalto, pero se quedó corto y, ante la tentación de tener “algo” de poder como vicepresidente segundo del gobierno, terminó por abrazar esa visión más largoplacista por la que tanto insistia Errejón. Ese cambio de postura le costaría todo lo que había logrado, quedándose, así, con “nada”.

¿Qué podemos aprender del ascenso de Podemos?
El ascenso de Podemos demuestra el poder de las estrategias disruptivas en contextos de crisis. Su capacidad para conectar con una ciudadanía desencantada, a través de una comunicación auténtica y directa, marcó un antes y un después en la política española. Sin embargo, también evidencia los retos de mantener la coherencia interna y la relevancia a largo plazo. 

Podemos se convirtió en un ejemplo de cómo el cambio es posible cuando se combinan innovación, audacia y una lectura precisa del momento histórico.

Ciertas tácticas de Podemos son universalmente aplicables y meritorias de amplio estudio y consideración por cualquier actor político o, más en general, cualquier experto en comunicación política. 

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